miércoles, 13 de junio de 2012

Enfrentarte a tus platos sucios


No hay nada como sentarse ante una comida casera preparada con tus ingredientes favoritos. Lamentablemente, no hay nada más tedioso que pararse más tarde ante el fregadero y lavar los potes y las sartenes. Y, ¿qué sucede cuando ponen tu programa de televisión favorito justo después de haber acabado tu deliciosa cena? Probablemente digas: “Lavaré los platos durante la primera pausa publicitaria”. Pero rápidamente te enraízas en el sofá y, antes de que te des cuenta, ha llegado la mañana y estás corriendo para llegar al trabajo. Ahora tienes un fregadero lleno de potes sucios enmoheciéndose.

Por muy desagradable que pueda resultar lavar los platos, es mucho peor cuando los dejas sucios por un rato. Y cuanto más rato están, más difíciles son de limpiar.
Así es la vida. Algo que es potencialmente fácil de limpiar después de que suceda –una palabra poco amable a tu padre, una mentira a tu mejor amigo, un acto insensible hacia tu novia– lo dejamos en el montón de cosas “que ya solucionaré más tarde”.

Nuestra alma es como un plato. Empieza muy limpia, pero cada vez que actuamos sin conciencia la ensuciamos. Cuanto más tiempo la dejamos sucia, más dolor nos va a costar limpiarla.

Yehuda