miércoles, 6 de junio de 2012

De los arroyos de la vida…


Algunos peces en el río ven crecer sus aletas dejándose llevar por la corriente, otros peces suelen nadar para dejarse hundir y, otros nadan para vivir sin importar la corriente que deban afrontar. 
Muchas veces, las corrientes en estos manantiales de vida son fuertes, algunas veces no son cristalinas, otras son pardas... siempre solemos ver pasar el agua debajo de nuestros pies y nos quedamos inamovibles, observando cómo el mundo gira y el agua pasa sin tocar nuestro ser. No siempre el arroyo lleva aguas propicias para nuestro horizonte, muchas veces dejamos nuestro ser flotando a merced de la corriente y pese a que tememos ahogarnos, dejamos nuestra vida y olvidamos nadar, otras veces nadamos y vemos una corriente en contra y, sin intentarlo, renunciamos dejando nuestro aliento hundirse en el fondo del río. 
Algunas personas nadan para vivir, otras para poder existir y algunas pocas para dejarse hundir. Muchas veces debemos visualizar la orilla para poder pasar, debemos soñar con llegar sin dejar de nadar. Cuando el corazón lo motiva un sueño por alcanzar orillas en nuestra vida, podremos llegar, porque nadie nos enseñará a nadar sin meternos al agua, sin arriesgar. Algunas veces no vemos la orilla, solo el ancho del río, otras veces vemos la orilla pero no soñamos el cómo atravesarla. 
La vida es extraña, de orillas interminables, de corrientes fuertes, de hundirnos en el intento... 
Así como el sol busca a su luna construyendo un arco iris de vida para poder atravesar el tiempo y la oscuridad, sin saber si lograra cruzar el ocaso, sin saber si encontrara una vida nublada, sin saber si su amada luna esperara por el, se arriesga y dibuja con todo su poder los colores que motivan su vida, los sueños...
Sueños son... puede que nunca se hagan realidad, pero siempre serán nuestra forma de motivar el cruzar, porque en ellos podremos vivir la alegría de estar en esa orilla que buscamos…

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