viernes, 7 de octubre de 2011

“Tres días para ver” por Hellen Keller


Si ustedes hubieran nacido ciegos, ¿qué querría ver si pudiera mirar el mundo al menos tres días? He aquí lo que la admirable Helen Keller respondió en un artículo publicado hace 70 años por Readers Digest.
A menudo he pensado que sería una bendición si, al comienzo de su juventud, todo ser humano se quedara ciego y sordo por unos cuantos días. La oscuridad lo haría apreciar más el don de la vista, y el silencio le enseñaría los deleites del sonido.

Algunas veces he interrogado a mis amigos que pueden ver sobre esa experiencia. Hace poco, cuando una amiga acababa de regresar de un largo paseo por el bosque, le pregunté qué había visto, y su respuesta me sorprendió: “Nada en especial”.

¿Cómo es posible caminar durante una hora por el bosque sin ver nada digno de ser contado?, pensé. Yo, que no puedo ver, descubro cientos de cosas interesantes mediante el simple tacto. Siento la delicada simetría de una hoja. Recorro con las manos el liso tronco de un abedul, o la áspera corteza de un pino. En primavera, exploro las ramas de los árboles con la esperanza de tocar un brote, el primer signo de que la naturaleza ha despertado de su letargo invernal.

En ocasiones, si corro con mucha suerte, poso suavemente la mano sobre un retoño de árbol y percibo la jubilosa vibración del canto de un pájaro. A veces deseo con toda el alma poder ver estas cosas. Si el mero tacto me produce tanto placer, ¿cuánta belleza más podría revelarme el sentido de la vista? He imaginado incluso lo que más me gustaría ver si se me concediera poder usar los ojos al menos durante tres días.

Dividiría ese tiempo en tres partes.

El primer día querría ver a la gente, cuya amabilidad y compañía me han hecho apreciar el valor de vivir la vida.

Yo no sé lo que es mirar al corazón de un amigo a través de “las ventanas del alma”: los ojos. Aunque sólo puedo tocar con las yemas de los dedos el contorno de una cara, soy capaz de percibir la alegría, la tristeza y muchas otras emociones humanas. Conozco a mis amigos por la sensación de sus rostros entre mis manos.

Para ustedes que pueden ver, debe ser mucho más fácil y satisfactorio captar las cualidades esenciales de otra persona con sólo observar las sutilezas de su expresión, la crispación de un músculo, el temblor de una mano… pero, ¿se les ha ocurrido alguna vez usar la vista para sondear la naturaleza íntima de un amigo? 

¿Acaso no muchos de ustedes, los que ven, pueden contemplar un rostro sin fijarse realmente en él?
Por ejemplo, ¿pueden describir con detalle las facciones de 5 de sus mejores amigos? A manera de experimento, les he preguntado a varios hombres de qué color son los ojos de sus esposas, y con frecuencia, avergonzados y confundidos, admiten que no lo saben.

¡Dios mío, cuántas cosas podría yo ver si tuviera el don de la vista tan sólo tres días!

El primer día sería muy ajetreado. Llamaría a mis amigos más queridos y observaría largo rato sus rostros para grabar en mi mente las manifestaciones externas de su belleza interior. Dejaría que mis ojos se posaran también en la cara de un bebé recién nacido, a fin de captar un atisbo de ese candor anhelante y bello que antecede a la conciencia individual de los problemas de la vida. Querría ver los libros que otras personas me han leído, y que me han revelado mil secretos profundos de la existencia humana. Me gustaría ver los confiados ojos de mis fieles perros, el pequeño Terrier Escocés y el robusto Gran Danés.

Por la tarde, daría un largo paseo por el bosque y me regodearía contemplando las maravillas de la naturaleza. Y elevaría una plegaria al cielo ante el prodigio multicolor del ocaso. Esa noche, supongo, no podría conciliar el sueño.

Al día siguiente, me levantaría al amanecer y presenciaría el estremecedor milagro por el cual la noche se transforma en claridad. Contemplaría llena de asombro el magnífico espectáculo de luz con el que el sol despierta a la tierra durmiente.
Dedicaría este día a echar un vistazo al mundo, pasado y presente.

Querría ver la evolución del progreso humano, y para ello visitaría los museos. Allí, mis ojos verían la historia abreviada de la tierra: los animales y las diversas etnias humanas recreadas en su ambiente natural; los esqueletos gigantescos de los dinosaurios y mastodontes que vagaban por el mundo antes de que apareciera esa pequeña criatura de poderoso cerebro –el hombre- y conquistara el reino animal.

Mi siguiente visita sería el museo de arte. Conozco bien a través del tacto las figuras esculpidas de los dioses y las diosas del antiguo Egipto. He palpado con los dedos las producciones de los frisos del Partenón, y percibido la grácil belleza de esculturas de guerreros atenienses en acción. El rostro barbado y tosco de 
Homero me es muy querido, ya que él también supo lo que es estar ciego.

Así pues, el segundo día intentaría penetrar en el alma humana a través del arte. Podría ver las cosas que conocí por medio del tacto, pero en todo su esplendor: el magnífico mundo de la pintura quedaría expuesto ante mis ojos. Sin embargo, quizá me llevaría de él sólo una impresión superficial, ya que los pintores dicen que para desarrollar una apreciación profunda y genuina del arte es necesario educar el ojo. Hay que aprender mediante la experiencia visual a reconocer los méritos de la línea, la composición, la forma y el color. Si yo pudiera ver, ¡conque alegría emprendería un estudio tan apasionante!

Pasaría la tarde del segundo día en un teatro o en un cine. ¿Cómo me encantaría poder ver la fascinante figura de Hamlet, o el impulsivo Falstaff con un colorido atuendo isabelino! Yo no puedo disfrutar la belleza del movimiento rítmico mas que con la limitada capacidad del tacto de mis manos.

Sólo puedo entrever en mi imaginación la gracia de una Ana Pavlova, aunque conozco en parte el deleite del ritmo, ya que a menudo puedo sentir la cadencia de la música cuando hacen vibrar el piso. Bien puedo imaginar que el movimiento cadencioso debe ser una de las visiones más disfrutables del mundo. He logrado formarme una idea de esto al recorrer con mis dedos las líneas del mármol esculpido, y si esta gracia inmóvil puede ser tan hermosa, ¡más intensa aún ha de ser la emoción de ver la gracia en movimiento!

A la mañana siguiente, de nuevo daría la bienvenida al amanecer, ansiosa por descubrir otras manifestaciones de la belleza. Este día, el tercero, lo pasaría en el mundo de la gente común, en los sitios donde se divierten y batallan para ganarse el sustento. La ciudad se convierte en mi destino.

Me detendría primero en una esquina transitada a mirar en silencio a la gente, intentando con ese simple acto comprender algo de su vida cotidiana. Veo sonrisas y me siento feliz, veo una firme determinación y me lleno de orgullo. Veo sufrimiento y en mí aflora la compasión. Me paseo por la 5ª Avenida. Dejo vagar la mirada, así que no observo un objeto en particular, sino un calidoscopio de deslumbrantes imágenes. Estoy segura de que los colores de los vestidos de las mujeres que caminan entre la multitud son un espectáculo maravilloso del que nunca podré cansarme.

Pero es posible que, si pudiera ver, fuera yo como la mayoría de las mujeres: estaría demasiado interesada en la moda para prestar atención a la belleza de los colores entre un gentío.
Partiendo de la 5ª Avenida, haría un recorrido por la ciudad: los barrios pobres, las fábricas, los parques donde juegan los niños… sin salir de la ciudad, también haría un viaje al extranjero visitando los barrios de inmigrantes. Mis ojos están muy abiertos para captar todas las imágenes, lo mismo de felicidad que de tristeza, así que puedo sondear en lo profundo y añadir a mi conocimiento cómo trabaja y vive la gente.

Mi tercer día para ver se acerca a su fin. Hay muchos asuntos serios a los que podría dedicar las últimas horas, pero en la noche correría de nuevo al teatro, a ver alguna obra que me hiciera reír hasta las lágrimas y me permitiera apreciar los tintes de comedia y del drama humano.

A la media noche, la oscuridad perpetua se cerniría de nuevo sobre mí.
Por supuesto, en esos tres breves días no habré visto todo lo que deseaba. Pero cuando la negrura hubiera descendido sobre mí, me percataría de cuánto me había faltado ver.

Tal vez este escueto plan no se parezca en nada al que ustedes podrían hacer si supieran que están a punto de quedarse ciegos; sin embargo, estoy segura de que si tuvieran que afrontar ese destino, usarían los ojos como jamás lo han hecho. Todo lo que vieran cobraría un sentido especial. Sus ojos se posarían con ansia en cada objeto que entrara dentro de su campo visual. Finalmente, descubrirían lo que en realidad significa ver, y un nuevo mundo de belleza se abriría ante ustedes.

Yo, que soy ciega, tengo un consejo para los que pueden ver: Usen sus ojos como si mañana fueran a perder la vista. Y hagan lo mismo con los demás sentidos: escuchen la musicalidad de las voces, los trinos de los pájaros, los poderosos acordes de una orquesta, como si el día de mañana fueran a quedarse sordos.

Tomen y acaricien cada objeto como si mañana fueran a despojarlos del sentido del tacto. Huelan el delicado perfume de las flores, deléitense con el sabor de cada bocado, como si nunca más pudieran volver a oler ni a paladear nada.

Disfruten al máximo sus sentidos; gocen, a través de los diversos medios de contacto con que los dotó la naturaleza, de todas las facetas del placer y la belleza que el mundo nos ofrece.
Aunque, de todos los sentidos, estoy segura de que el de la vista debe de ser el más glorioso.

Hellen Keller

El texto que leéis lo copié de esta página:

Gracias mi preciosa amiga Smareis, pues debido a que vi una publicación tuya en tu blog pude encontrar la página anteriormente expuesta para poder publicarla en español cielo.
Os dejo también el blog de mi amiga Smareis.


Un gran abrazo

11 comentarios:

  1. Como decía Confucio...cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla.Y es que es también importante ver la belleza de todo también con los ojos del corazón igual que Hellen lo sentía a pesar su ceguera. Un abrazo con todo el amor de mi corazón

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  2. Mi preciosa niña melillense, esa es la forma de ver la verdadera belleza, con los ojos del corazón. Las personas invidentes no pueden ver la belleza de lo que nos rodea con los ojos del cuerpo, pero con todos los demás sentidos que tienen mucho más desarrollados que nosotros, pueden sentir todo, y ese hermoso corazón les hace ver con los ojos del amor de su alma.
    un fortísimo abrazo con todo mi ser mi preciosa niña melillense.

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  3. Deberiamos hacer un alto en nuestro caminar diario y contemplar lo que vemos,hacerlo con veneración, con gratitud, y lo que veamos será más que lo que capten nuestros ojos.
    Este texto invita a la reflexion y deberiamos hacerlo.
    Un abrazo Mari Carmen.

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  4. Muchísimas gracias por tu reflexivo coemntario Londonnek. Verdaderamente creo que no nos paramos como deberíamos a ver todo lo tenemos, y como bien dices, mirarlo con veneración y gratitud. Tenemos tanto y damos tan poco valor a las cosas...
    Gracias de todo corazón por dejar de nuevo tu huella en este espacio cielo.

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  5. Mirar con los ojos del alma todo lo que nos rodea, es algo que no deberíamos dejar de hacer cada día.
    En tantas ocasiones se nos olvida apreciar realmente las cosas, muchas veces cuando las perdemos es cuando nos damos cuenta de lo que teníamos.
    Un beso.

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  6. Realmente una maravilla de texto.

    Tenemos tanto para aprender....y ver...

    Gracias M.Carmen.

    que tengas un excelente fin de semana.

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  7. Hola Mari Carmen, precioso tu blog, regresaré con mucho tiempo disponible para conocerlo de "pe a pa", gracias por llegar a mi casa donde siempre serás bienvenida y donde podrás tomarte un té de anís cada vez que entres si lo deseas, para armonizarte y pasarla muy agradable.
    También tu otro blog... Veo que tienes cosas muy interesantes por compartir.
    Te dejo un abrazo y un beso con mucho anís.

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  8. Completamente de acuerdo contigo estoy Adriana. En ocasiones tengo la sensación de que creemos que sabemos más de lo que realmente sabemos. Nos queda muchísimo por aprender, mucho más de lo que creemos.
    Un gran abrazo y gracias por dejar tu preciosa huella cielo

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  9. Hola Sara cielo. Me alegro muchísimo que te hayas dado una vuelta por los blogs y te hayan gustado.
    Te doy las gracias por tu gran generosidad por compartir todo cielo. Ya sabes que de igual modo si hay algo que te interese en los míos para publicar en el tuyo te lo llevas que para eso estamos cielo.
    Un fortísimo abrazo de todo corazón y gracias por dejar esa preciosa huella en este espacio cielo

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  10. Cuanta verdad hay en esas palabras, aveces pasamos en altos tantos detalles, es motivo de dar gracias a Dios de que podamos ver. Un besito hermoso texto.

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  11. Así es Eve. No nos damos cuenta del milagro que supone la vida, del cuerpo que tenemos y lo perfecto que es, no lo agradecemos porque nos viene dado, así como tampoco sabemos agradecer lo que nos rodea, y si tomásemos un poco de conciencia de todo ello, agradeceríamos muchísimo más y disfrutaríamos de todas esas cosas a las que no les damos la menor importancia.
    Un gran abrazo con todo mi amor Eve, y gracias de corazón por visitar este espacio y dejar esa preciosa huella que has dejado. Estás en tu casa cielo.

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