sábado, 27 de agosto de 2011

La sincronicidad: La magia en movimiento


Sincronicidad es un término originariamente 
acuñado por Jung que se refiere a la unión 
de los acontecimientos interiores y 
exteriores de un modo que no se puede 
explicar pero que tiene sentido para el 
observador, es decir, ese tipo de eventos en
nuestra vida que solemos achacar a la 
casualidad, a la suerte, o a la magia. 


¿Has experimentado alguna vez el placer de 
encontrar a la persona exacta que 
necesitabas aparecida de la nada?,¿o 
recibiste la llamada de alguien del pasado 
de la que apenas unas horas antes te habías acordado sin motivo aparente?, ¿o ese libro 
que encontraste al azar que responde a la duda que te tenía bloqueado?. La 
sincronicidad nos representa en el plano físico la idea o solución que mora en la mente 
de la manera más  fácil y sin apenas esfuerzo. Se trata de vivir el mayor tiempo posible 
en ese “fluir” que hace que la vida parezca una aventura permanente, un viaje de descubrimiento constante sobre uno  mismo, sobre los demás y el universo. Decir 
sincronicidad es lo mismo que decir magia.


Hay unas condiciones óptimas de manifestación, un estado mental propicio para que 
de las señales del exterior, los momentos en que buscamos ayuda por intensas vivencias o 
puedan producirse y son los momentos personales intensos que nos obligan a estar muy pendientes crisis emocionales, los cambios bruscos, los viajes, los momentos de peligro, 
las muertes de seres queridos. Los momentos en que nos olvidamos de la seguridad, de 
lo conocido y trillado, del plan establecido, de lo que se supone que debemos hacer, 
son los que nos sumergen en un estado de alerta y apertura perfectos para ser consciente 
de esa dimensión simbólica de la vida que es la que al final nos da la clave no sólo para 
la solución de nuestros problemas, sino para hallar nuevas maneras de vivir intensa y conscientemente.
La fe juega en esto un importante papel, la fe en uno mismo, en la fuerza creativa del 
universo que nos guia exactamente a dónde queremos llegar, la certeza de que si existe 
un  miedo que nos bloquea, también hay un amor que nos motiva a experimentar más 
allá de lo conocido; pero hemos de elegir la aventura y no el hastío. Somos lo que 
pensamos, y experimentaremos esa magia sólo si antes le damos la oportunidad creyendo 
en ella e invitándola a jugar en nuestras vidas. Esos momentos difíciles o especiales nos 
han puesto en ese estado de apertura y recepción, de nosotros depende que sigamos en 
esa actitud de aceptación de esa fuerza universal que parece saber exactamente lo que precisamos y nos lo brinda generosamente. No es ver para creer sino creer para ver, 
pues lo que hay en nuestra mente es lo que hace que nos atraigan y que nos veamos 
atraídos hacia lo que es análogo. Esa es la manera en que todo  se agrupa.


La simbología y el sentido de estos acontecimientos nos da el mensaje exacto que el 
universo representa para nosotros igual que si fuera una sesión de cine particular. Las 
ideas poseen una vibración, a otros niveles tienen forma y color que hace que atraigan 
lo análogo. Al atraer lo que se le asemeja  podemos leer en la materia lo que realmente pensamos sobre nosotros mismos y del universo, y tomar decisiones sobre lo que 
deseamos ver convertido en realidad y lo que no. 
Pero entonces me diríais ¿y porque no vivimos permanentemente en ese estado idílico 
en el que todo se resuelve, en el que la información fluye, en el que si fuera verdad 
seríamos como pequeños dioses creando lo que se nos antojara?. Pues siempre depende 
de que en la mente haya mensajes positivos, y emociones bondadosas en el corazón.


1.- El estado fluido es de muy elevada vibración y de una conexión intensa de mente y 
corazón, es decir, que el sentimiento es el que nos lleva a hacer tal cual cosa, es el que 
- valga la redundancia- da “sentido” a la vida. El sentimiento nos conecta directamente 
con el alma de las cosas y el pensamiento debe de contenerlo y construir sobre él pero 
nunca dejar de amarlo.


Normalmente experimentamos desde la idea preconcebida y decidimos luego que sentir 
por ella, emitimos un juicio antes de que la realidad se presente y hace que no veamos 
lo que es sino lo que queremos ver, y la magia se desvanece bajo el peso de la razón 
sin sentimiento por el miedo  a lo desconocido. El miedo y la duda corta el flujo 
instantáneamente.


2.- El estado fluido está en permanente movimiento. Cada pieza del puzzle aparece en 
el preciso momento con la condición de pillarnos conscientes, despiertos, alertas y 
deseosos de recibirlas. Es como un juego en el que las reglas se van desvelando a medida 
que avanzamos. Las piezas nos vienen en forma de señales y analogías en la vida real y 
en forma de sueños mientras dormimos. El desentrañar el significado de esas señales es 
como aprender a descifrar las instrucciones del mapa del tesoro. 


Las actitudes derrotistas, la negatividad que lleva al cansancio, a la rutina, a desear 
recibir constantemente en lugar de darse a uno mismo y a los demás, generan estados 
de bloqueo e inactividad. Para ver las señales hemos de hallarnos en camino.


3.- Fluir es confianza, certeza en las propias posibilidades y en las de la corriente 
creativa del universo. Fluir significa trabajar por ese estado positivo interior que nos 
mantiene protegidos y dispuestos a abrirnos a nuevas experiencias y milagros. Mientras 
nuestro discurso interno (y externo) sea “creo”, “puedo”, “confío”, “busco y encuentro”, 
“resuelvo”, “disfruto”, “es posible” “si y además” y “me gusta”, todo irá bien sin 
ninguna duda. 


Habitualmente los miedos, dudas y la falta de información de lo que realmente somos 
capaces y de nuestra verdadera misión en la vida nos bloquean y retrasan en el camino. 
Nos hacen mirar al pasado con resentimiento y al futuro con cierto recelo. Aparecen los 
que yo llamo los “isidoros” (¿y si me pasa  esto o y si me equivoco?), los “es ques” (es 
que no sé, ya lo intenté pero...), los “siperos” y “no peros”, los “no puedos”, los “esto 
es imposible”, y los “es difícil”, “esto es lo que hay”, “no hay otra opción” y demás programación negativa. Si eso hay en la mente, eso es lo que se materializará.


4.- Fluir no sabe de retenciones y por lo tanto tampoco del uso de la fuerza, no es tanto 
vencernos sino convencernos, motivarnos y dirigirnos hacia lo que deseamos ver 
convertido en realidad. La reina de la fluidez, el agua, nunca se esfuerza demasiado en 
nada, busca siempre la salida hacia el mar.


Es muy común perdernos en luchar contra lo que queremos ver desparecer, lo que lo hace 
mucho más grande. Transformar el muro en escalera para lograr ver el otro lado suele ser 

mejor solución que darnos de cabezazos contra él.

5.- Fluir es seguir fielmente la voz de la intuición y comprometernos con ella; trabajarla 
hasta que sepamos distinguirla perfectamente de otras voces. ¿y como saber lo que es 
intuición de la voz del Ego?. Igual que el amor es el polo opuesto del temor, la intuición 
que viene de nuestro Ser interno es el polo opuesto de la voz del ego que nos habla. Son 
lo mismo, sólo que un polo es guiado por el amor y el otro por el temor.


La intuición soluciona siempre para el mejor bien de todos, habla bajito, viene en el 
momento oportuno y en sus ideas hay certeza y tranquilidad, nunca ataca a nadie, y se 
 mantiene en el presente. Es el amor dentro de nosotros el que habla, lo que significa 
que se presenta en momentos de intensa conexión interna, cuando nos sentimos 
entregados a la vida. Sus soluciones son perfectas para ese momento. Suele ir seguida de 
un racional “ que tonterías se me ocurren” y la dejamos pasar. 


El ego habla alto y es repetitivo hasta la saciedad. Tiene miedo y se defiende, sus ideas 
suelen ser del tipo ataque o huida, repasa sin cesar el pasado y va creando expectativas 
 de futuro. Es el que tiene miedo el que se comunica, y por tanto sus soluciones nunca 
son definitivas y las situaciones se repiten de nuevo.
Curiosamente estamos más prestos a creer en éste otro por ser lo conocido, lo que nos 
lleva a perder la oportunidad de experimentar la magia de vivir en la incertidumbre. 
Aprendiendo a amarle, educándole en la confianza y uniéndonos a él comienza la 

transformación interna. La guerra debilita, ¡la unión hace la fuerza!

Para terminar me gustaría citar a Deepak Chopra:
“La incertidumbre de las cosas no despierta miedo en quien está en la conciencia de la 
unidad, pues está seguro de si mismo. La voz de la verdad interior dice: << abrazo a lo 
desconocido porque me permite ver nuevos aspectos de mi mismo>>”....


Beatriz F. del Castillo
Autora de "La clave está en tus sueños",  Ed. Edaf.  2006

2 comentarios:

  1. Yo estoy con Chopra, a mi ya nada me da miedo, ni la suerte ni la magia, quiza sea por mi edad,a mi edad, ya se esperan pocas cosas, asi que lo que venga bienvenido sea.

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  2. Si no se espera de nada ni de nadie mejor cielo, que así jamás serás decepcionado con nada.
    Un abrazo precioso

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