jueves, 4 de agosto de 2011

El Sabio

El sabio


Había una vez un anciano muy sabio, tan sabio era que todos decían que en su cara se podía ver la sabiduría. Un buen día ese hombre sabio decidió hacer un viaje en barco, y en ese mismo viaje iba un joven estudiante. El joven estudiante era arrogante y entró en el barco dándose aires de importancia, mientras que el anciano sabio se limitó a sentarse en la proa de barco a contemplar el paisaje y cómo los marineros trabajaban.

Al poco el estudiante tuvo noticia de que en el barco se encontraba un hombre sabio y fue a sentarse junto a él. El anciano sabio permanecía en silencio, así que el joven estudiante decidió sacar conversación:
- ¿Ha viajado mucho usted? -
A lo que el anciano respondió:

- Sí -
- ¿Y ha estado usted en Damasco? -
Y al instante el anciano le habló de las estrellas que se ven desde la ciudad, de los atardeceres, de las gentes y sus costumbres. Le describió los olores y ruidos del zoco y le habló de las hermosas mezquitas de la ciudad.

- Todo eso está muy bien. – dijo el estudiante – Pero… habrá estado usted estudiando en la escuela de astronomía. -
El anciano se quedó pensativo y como si aquello no tuviese importancia le dijo:- No. -

El estudiante se llevó las manos a la cabeza sin poder creer lo que estaba oyendo:

- ¡Pero entonces ha perdido media vida! -
Al poco rato el estudiante le volvió a preguntar:

- ¿Ha estado usted en Alejandría? -
Y acto seguido el anciano le empezó a hablar de la belleza de la ciudad, de su puerto y su faro. Del ambiente abarrotado de sus calles. De su tradición, y de otras tantas cosas.
- Sí, veo que ha estado usted en Alejandría. – repuso el estudiante – Pero, ¿estudió usted en la Biblioteca de Alejandría?.
Una vez más el anciano se encogió de hombros y dijo:

- No. -
De nuevo el estudiante se llevó las manos a la cabeza y dijo:

- Pero cómo es posible, ¡Ha perdido usted media vida!. -
Al rato el anciano vio en la otra punta del barco que entraba agua entre las tablas el barco. Entonces el anciano preguntó:
- Tú has estudiado en muchos sitios, ¿verdad?. -
Y el estudiante enhebró una retahíla de escuelas, bibliotecas y lugares de sabiduría que parecía no tener fin.

Cuando por fin terminó el viejo le preguntó:
-¿Y en alguno de esos lugares has aprendido natación?. -
El estudiante repasó las decenas de asignaturas que había cursado en los diferentes lugares, pero en ninguna de ellas estaba incluida la natación.

- No. – respondió.
El anciano, arremangándose y saltando encima de la borda dijo antes de tirarse al agua:

- Pues has perdido la vida entera. -

Extraído de la red

4 comentarios:

  1. Que gran lección cielo, tanto presumir de saberlo todo y esa arrogancia no le llevó a nada, sólo se preocupó y potenció su ego, sin mirar en las pequeñas cosas cotidianas de la vida, precisamente la que le hizo perdela. Un abrazo con todo el amor de mi alma.

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  2. Sí cielo, eso es algo que ocurre más frecuentemente de lo que pensamos. Cuando entremos en la conciencia de que todos somos iguales y que no porque una persona tenga unas cosas determinadas tiene que ser más que otras personas, todo cambiará. Todos tenemos nuestra labor, y cada persona del mundo, nos puede enseñar lecciones que no sabemos, por sabios que podamos creernos, así que a practicar más algo que conviene practicar "LA HUMILDAD".
    Un fuerte abrazo con todo mi corazón mi cielo.

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  3. El sabio, tenia que haberle contestado, con una cancion, hey, de que te vale ahora presumir, pero lo del nadar tampoco ha estado mal

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  4. Jajajajajajjaja, me encanta tu sentido del humor Manuel. En mi opinión creo que ya le contestó justo lo que debía en su debido momento. Tanto presumir de tanto tener y al final no sabía algo que le iba a salvar la vida "saber nadar". Si es que creemos que sabemos todo y no sabemos nada realmente.
    Un abrazo enorme

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