martes, 2 de agosto de 2011

El monje y el Samurai

El monje y el Samurai

Cuenta la leyenda que un día, un samurai, conocido por su nobleza y honestidad, fue a visitar a un monje zen en busca de consejos.


Cuando entró en el templo donde el maestro rezaba, se sintió inferior y pensó que a pesar de haber pasado toda su vida luchando por la justicia y la paz, no se había acercado al estado de gracia del hombre que tenía frente a él.

-¿Por qué me estoy sintiendo tan inferior? -preguntó al monje-, me enfrenté muchas veces con la muerte y defendí a los más débiles, no tengo nada de qué avergonzarme. Sin embargo, al verlo meditando, he sentido que mi vida no tenía la menor importancia.

-Espera. En cuanto haya atendido a todos los que me han buscado hoy, te daré la respuesta -dijo el monje-.

Durante todo el día el samurai se quedó sentado en el jardín del templo. Las personas entraban y salían en busca de consejos y el monje atendía a todos con la misma paciencia y la misma sonrisa luminosa en su rostro.

El estado de ánimo del samurai iba de mal en peor, pues había nacido para actuar, no para esperar. Por la noche, cuando ya todos habían partido, insistió: -¿Ahora podrá usted enseñarme?

El maestro lo invitó a entrar y lo llevó hasta su habitación. La luna llena brillaba en el cielo y todo el ambiente respiraba una profunda tranquilidad.

-¿Ves esta luna qué bonita es?, cruzará todo el firmamento y mañana el sol volverá a brillar. Sólo que la luz del sol es mucho más fuerte y consigue mostrar los detalles del paisaje que tenemos delante: nubes, árboles, montañas. He contemplado a los dos durante años, y nunca escuché a la luna decir: -¿Por qué no tengo el mismo brillo que el sol?, ¿es que quizás soy inferior a él?

-Claro que no -respondió el samurai-, la luna y el sol son dos cosas diferentes, cada uno tiene su propia belleza. No se pueden comparar.

-Entonces, ya sabes la respuesta. Somos dos personas diferentes, cada cual luchando a su manera por aquello que cree, y haciendo lo posible para tornar a este mundo mejor; el resto son sólo apariencias.

Autor desconocido

4 comentarios:

  1. Precioso¡¡¡¡¡ y que gran verdad. Todos tenemos nuestra valia en el camino de la vida ya que todos somos iguales en la fuente del camino del amor y ayudar al prójimo independientemente de a lo que como seres humanos nos dedicamos. Todos vinismos con nuestro camino a descubrir. Un abrazo con todo el amor de mi corazón.

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  2. Exactamente cielo, todos somos iguales, ni mejores ni peores, y cada cual tiene su labor y aporta cosas diferentes. El camino de cada uno es algo que tenemos que ir descubriendo paso a paso, a cada momento, e ir abriéndolo en lo que decidamos realizar.
    Un fortísimo abrazo con todo el amor de mi alma corazón mío

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  3. Muy bonito, cada uno tiene su propio valor, y los dos son necesarios, aunque se para distintas cosas, muy hermoso.

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  4. Sí cielo, si es que es tan sencillo... cada cual tenemos nuestro valor y cada persona aporta unas determinadas cosas, así como se viene a hacer cosas diferntes los unos de los otros. Imagina que todos hiciésemos lo mismo...
    Un abrazo cielo

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