lunes, 22 de agosto de 2011

El elefante y la alondra


Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.
Mirar con el alma es volver a ser niño, crecer libres y a la vez felices...
Sentirnos cuando nuestro corazón enamorado regala bellos suspiros pues el amor es de ciegos que padecen de calma y ciegos somos todos los que miramos con el Alma...¿Qué necesitás para creer en vos mismo?


El elefante y la alondra eran amigos. La alondra le señalaba al elefante los rincones más sombreados de la selva, y el elefante protegía con su presencia nocturna el nido de la alondra de serpientes voraces y ardillas rapaces.
Un día el elefante le dijo a la alondra que le tenía envidia por poder volar. ¡Cuánto le gustaría remontarse por los aires, ver la tierra desde las alturas, llegar a cualquier sitio en cualquier momento! Pero con su peso…¡Era imposible!

La alondra le dijo que era muy fácil. Se quitó con el pico una pluma de la cola y le dijo: “Aprieta fuerte esta pluma en la boca, y agita rápidamente las orejas arriba y abajo” .


El elefante hizo lo que la alondra le dijo. Apretó con fuerza la pluma en la boca para que no se le fuese a caer y comenzó a agitar sus grandes orejas arriba y abajo con toda su energía. Poco a poco notó que se levantaba, despegaba, se sostenía en el aire y podía ir donde quisiera por los aires con toda facilidad. Vio la tierra desde las alturas, vio los animales y los hombres, cruzó por lo alto el río profundo que había marcado el límite de su territorio, exploro paisajes desconocidos, y volvió al fin, feliz y contento a aterrizar al sitio donde había dejado a la alondra.

“No sabes cuanto te agradezco esta pluma milagrosa”, le dijo. Y se la guardó cuidadosamente detrás de la oreja para volver a usarla cuando quisiera volar otra vez.

La alondra le contestó:

-”Oh, esa pluma… La verdad es que no vale nada. Se me iba a caer de todos modos, y era inútil” Pero tenía que darte algo para que creyeras en ti, y se me ocurrió eso, tu hubieras podido volar de todos modos.

¿Nos estamos atreviendo a volar sobre nuestros limites, nuestras carencias, nuestros dogmas o seguimos atados a los viejos paradigmas que estancan nuestra vida? Soñemos nuestra divinidad. Creámosla. Creémosla. Confiemos en nuestra infinita capacidad de crear las realidades mas audaces y fascinantes que nuestro Ser permita. No hay más límites que aquellos que nosotros mismos nos imponemos, ni mas reglas que las que nosotros mismos nos hemos creado. Incluso los maestros que aparecen en nuestras vidas, son sublimes creaciones de nosotros mismos, para recordarnos, aquellas cuerdas, en las cuales no nos atrevemos aun a vibrar. Sai Baba, La Madre Teresa, sabios y santos, o la mismísima alondra del cuento siempre están allí como un espejo perfecto para que nuestra conciencia se refleje en ellos y comprenda más rápidamente su grandeza aun inexplorada por nosotros.

Claudio María Domínguez


4 comentarios:

  1. Me encantó esta reflexión, somos nosotros mismos quienes nos ponemos los osbtáculos al caminar. Un abrazo con todo mi amor

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  2. Exactamente cielo, nosotros y nuestros miedos.
    Un grandísimo abrazo mi preciosa niña melillense.

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  3. Una preciosa reflexion, de lo que se puede llegar a conseguir, con fe y preseverancia

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  4. Así es Manuel. La fe mueve montañas, y si vamos a por los sueños está claro que tenemos las mayores posibilidades de conseguirlos.
    Un gran abrazo

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