miércoles, 27 de julio de 2011

Es sastre, el zar y el oso

Esta historia habla de un sastre, un zar y su oso.

Un día el zar descubrió que uno de los botones de su chaqueta preferida se había caído.

El zar era caprichoso, autoritario y cruel (cruel como todos los que enmarañan por demasiado tiempo en el poder), así que, furioso por la ausencia del botón mandó a buscar a su sastre y ordenó que a la mañana siguiente fuera decapitado por el hacha del verdugo.

Nadie contradecía al emperador de todas las Rusias, así que la guardia fue hasta la casa del sastre y arrancándolo de entre los brazos de su familia lo llevó a la mazmorra del palacio para esperar allí su muerte.

Cuando cayó el sol, un guardia le llevó al sastre la última cena, el sastre revolvió el plato de comida con la cuchara y mirando al guardia dijo:

- Pobre del zar.

El guardia no pudo evitar reírse

- ¿Pobre del zar? – Dijo - Pobre de ti, tu cabeza quedará separada de tu cuerpo unos cuantos metros mañana por la mañana.

- Si, lo sé, pero mañana por la mañana el zar perderá mucho más que un sastre, el zar perderá la posibilidad de que su oso, la cosa que más quiere en el mundo, su propio oso, aprenda a hablar.

- ¿Tú sabes enseñarle a hablar a los osos?, preguntó el guardia sorprendido.

- Un viejo secreto familiar... - dijo el sastre.

Deseoso de ganarse los favores del zar, el pobre guardia corrió a contarle al soberano su descubrimiento: ¡¡El sastre sabía enseñarle a hablar a los osos!!

El zar se sintió encantado. Mandó rápidamente a buscar al sastre y le ordenó:

-¡¡Enséñale a mi oso a hablar nuestro idioma!! - Dijo el zar.

- Me gustaría complaceros pero la verdad, es que enseñar a hablar a un oso es una ardua tarea y lleva tiempo... y lamentablemente, tiempo es lo que menos tengo... -El zar hizo un silencio, y preguntó ¿cuánto tiempo llevaría el aprendizaje?

- Bueno, depende de la inteligencia del oso... Dijo el sastre.

- ¡¡El oso es muy inteligente!! - Interrumpió el zar - De hecho es el oso más inteligente de todos los osos de Rusia.

-Bueno, musitó el sastre... si el oso es inteligente... y siente deseos de aprender... yo creo... que el aprendizaje duraría... duraría... no menos de...... DOS AÑOS.

El zar pensó un momento y luego ordenó:

- Bien, tu pena será suspendida por dos años, mientras tanto tú entrenarás al oso. ¡Mañana empezarás!

- Alteza - dijo el sastre – Si tú mandas al verdugo a ocuparse de mi cabeza, mañana estaré muerto, y mi familia, se las ingeniará para poder sobrevivir. Pero si me conmutas la pena, yo tendré que dedicarle el tiempo a trabajar, no podré dedicarme a tu oso... debo mantener a mi familia.

- Eso no es problema – dijo el zar – A partir de hoy y durante dos años tú y tu familia estarán bajo la protección real. Serán vestidos, alimentados y educados con el dinero de la corte y nada que necesiten o deseen, les será negado... Pero, eso sí... Si dentro de dos años el oso no habla... te arrepentirás de haber pensado en esta propuesta... Rogarás haber sido muerto por el verdugo... ¿Entiendes, verdad?

- Sí, alteza.

- Bien... ¡¡Guardias!! - gritó el zar –Que lleven al sastre a su casa en el carruaje de la corte, denle dos bolsas de oro, comida y regalos para sus niños. Ya... ¡¡Fuera!!

El sastre en reverencia y caminando hacia atrás, comenzó a retirarse mientras musitaba agradecimientos.

- No lo olvides - le dijo el zar apuntándolo con el dedo a la frente - Si en dos años el oso no habla...

- Si, Alteza...

Cuando todos en la casa del sastre lloraban por la pérdida del padre de familia, el hombre pequeño apareció en la casa en el carruaje del zar, sonriente, eufórico y con regalos para todos.

La esposa del sastre no cabía en su asombro. Su marido que pocas horas antes había sido llevado al cadalso volvía ahora, exitoso, acaudalado y exultante...

Cuando se quedaron a solas el hombre le contó los hechos.

- Estás LOCO – chilló la mujer – enseñar a hablar al oso del zar. Tú, que ni siquiera has visto un oso de cerca, ¡Estás, loco! Enseñar a hablar al oso... Loco, estás loco...

- Calma mujer, calma. Mira, me iban a cortar la cabeza mañana al amanecer, ahora... ahora tengo dos años... En dos años pueden pasar tantas cosas, en dos años. En dos años... - siguió el sastre - se puede morir el zar... me puedo morir yo... y lo más importante... ¡¡igual va el oso y habla!!

Autor desconocido

4 comentarios:

  1. Mu y bonito maria carmen, era muy inteligente el sastre, en dos años, puede pasar de todo, y mientras vive.

    ResponderEliminar
  2. Jajajajaj, ya te digo si era "espabilao", jajajajajjaaj.
    Un abrazo cielo

    ResponderEliminar
  3. Gracias por compartir este gracioso relato, Mari Carmen.
    Me he reído de lo lindo con la astucia del sastre, la estupidez del zar y, sobre todo, con ese final que dice "igual va el oso y habla", jejeje, bueno...¿quién sabe?
    Yo creo que los animales hablan a su modo, pero nosotros no entendemos su lenguaje.
    ¡Que nunca nos falte el buen humor!
    :)

    ResponderEliminar
  4. Hola Doña Eñe. Ate todo te doy las gracias por tu participación en este espacio.
    La verdad es que este relato es uno de los que hacen reír mucho como bien dices con esa gran astucia que tiene el sastre, jajajajaja, resulta muy divertido.
    Que los animales hablan a su modo lo tengo más que claro. Ellos tienen su propio lenguaje, otra cosa es que nosotr@s no sepamos entenderlos.
    El humor es una cosa maravillosa. La risa cura, y el estar optimista, positivo y reír sana el alma.
    Te mando un fortísimo abrazo y me ha encantado tu visita a este espacio cielo.

    ResponderEliminar

No se aceptarán comentarios con contenido racista, sexista, homófobo o que puedan interpretarse como un ataque hacia cualquier colectivo o minoría por su nacionalidad, el sexo, la religión, la edad o cualquier tipo de discapacidad física o mental.

*Los comentarios no podrán incluir amenazas, insultos, ni ataques personales a otros participantes.

* Se reserva el derecho a eliminar cualquier comentario considerado fuera de tema.