viernes, 3 de junio de 2011

Las heridas del alma

Las heridas del alma

Todos hemos vivido a lo largo de nuestra existencia un sinnúmero de situaciones dolorosas y por tanto potencialmente traumáticas. Las hemos guardado como recuerdos e impresiones que en el mejor de los casos se transforman en experiencia si opera dentro de nosotros la comprensión, la aceptación y el perdón.

Cada quien a su modo ha intentado superar toda clase de circunstancias difíciles. Pero más allá de que las hayamos superado o no, estos acontecimientos dejan huellas profundas en nuestra alma. Muchas veces son esas huellas las que nos impiden superarnos.

Es el dolor de la vieja herida la que nos hace defendernos y reaccionar en alguna situación de manera desmedida. En analogía con el cuerpo físico una herida es algo que impone una limitación, una incapacidad, una forma particular de movernos y de estar en el mundo. Es algo que no permite que el cuerpo exprese su potencial.

Es ese dolor profundo o la sensación de completo vacío lo que no nos permite lograr el estado de bienestar.
Hay dos elementos en cada uno de nosotros, el alma que es nuestra esencia, nuestro núcleo, que es inmortal por ser parte de la energía o conciencia universal; y nuestra personalidad que es temporal. Ambas tienen que estar en armonía.

El alma sabe para qué ha venido al mundo, si la personalidad no está conectada con ese saber actuará equivocadamente respecto de esta armonía superior. Por ello la primera herida tiene que ver con que no puede expresarse en este mundo en forma plena. Toda clase de conflicto psíquico interno, impide la correcta manifestación de nuestros valores anímicos.

Si la personalidad no acepta la existencia del alma la persona presentará desequilibrio y disociación. Si la personalidad sintoniza con el alma se acerca a las cualidades arquetípicas del ser superior (sabiduría, bienestar, felicidad, equilibrio, firmeza, etc.)

Si se rompe esta sintonía alma-personalidad aparecen los opuestos (egoísmos, ignorancia, inseguridad, malestar, soberbia, etc.) El alma de cada uno de nosotros tiene como objetivo su manifestación plena con el afán de "desenvolver su propio propósito". Al "desenvolvimiento del propio propósito" también se le denomina "el cumplimiento de la misión personal". Es el objetivo prioritario de nuestra propia existencia, pues se trata de una tendencia innata.

La autosanación se vive en la conciencia, busca al Ser, que se encuentra fragmentado, busca restaurar la relación del hombre consigo mismo y su entorno. Permite que el alma tome plena posesión del instrumento de su personalidad.

Autor: me lo envió mi amigo Daniel Heber

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