viernes, 10 de junio de 2011

EL PRIMER AMOR

EL PRIMER AMOR

La propia estima no puede ser verificada por los demás. Tú vales porque tú dices que es así. Si dependes de los demás para valorarte, esta valorización estará hecha por los demás.

Puede ser que tengas una enfermedad social, una enfermedad que no se pueda curar con una simple inyección. Es muy probable que te haya infestado el virus del desprecio a ti mismo; y el único remedio conocido para esto es una buena dosis masiva de amor propio, o amor a ti mismo. Pero quizá, como mucha gente en nuestra sociedad, tú has crecido con la idea de que está mal amarse a sí mismo. Piensa en los demás, nos dice la sociedad. Ama a tu prójimo, nos predica la Iglesia. Lo que nadie parece recordar es lo de ámate a ti mismo, y sin embargo es eso precisamente lo que vas a tener que aprender para lograr tu felicidad en el momento-presente.

De niño aprendiste que amarte a ti mismo, algo natural en aquel entonces, era lo mismo que ser egoísta y consentido. Aprendiste a pensar en los demás antes que en ti mismo, a darles mayor importancia porque de esa manera demostrabas que eras una "buena" persona. Aprendiste a anularte y te alimentaron con conceptos como el de "debes compartir tus cosas con tus primos". No importaba que fueran las cosas que más querías, tus tesoros personales, o que ni papá ni mamá pudieran no estar compartiendo sus juguetes de adultos con los demás. Incluso puede que te hayan dicho a menudo que "los niños callan cuando hablan los adultos" y que "debes saber cuál es tu lugar".

Los niños se consideran hermosos e importantes por naturaleza, pero al llegar a la adolescencia los mensajes de la sociedad ya han echado raíces. La desconfianza en sí mismos está en pleno apogeo. Y con el pasar de los años esta sensación recibe constantemente refuerzos. Después de todo no debes andar por el mundo amándote a ti mismo. ¡Qué pensarán de ti los demás!

Las indirectas son sutiles y la intención que las alienta no es mala, pero logran mantener a raya al individuo. Empezando con los padres y la familia y siguiendo con el colegio y los amigos, el niño aprende estos encantadores modales sociales que son como la marca de ley del mundo de los adultos. Los niños nunca actúan así entre ellos a menos que sea para darles gusto a los mayores. Que digan siempre por favor y gracias, que hagan una venia, que se levanten cuando entra un adulto en la habitación, que pidan permiso para levantarse de la mesa, que aguanten las eternas caricias en las mejillas y las sobadas de cabeza de los adultos.

El mensaje es muy claro: los adultos son importantes; los niños no cuentan. Los demás tienen importancia; tú eres insignificante. No te fíes de tu propia opinión era el corolario número uno, y había un enorme paquete de refuerzos que venían bajo el título de "buena educación".

Estas reglas encubiertas por la palabra "modales" te ayudaban a internalizar los juicios de los demás a expensas de tus propios valores. No es sorprendente pues que estas mismas preguntas y dudas, estas mismas definiciones que te niegan como persona persistan en la madurez. ¿Y cómo logran introducirse estas dudas de uno mismo?

Quizá tengas problemas en el importante tema de amar al prójimo.

Pero el amor a los demás está relacionado directamente con el amor que te tienes a ti mismo.

Extracto del Libro: TUS ZONAS ERRÓNEAS

Wayne W. Dyer

Gracias Willy por este maravilloso mensaje. Un grandísimo abrazo



2 comentarios:

  1. ¡¡Pero que buena reflexión cielo¡¡ De pequeños siempre enseñan el valor de compartir con los demás, de querer a los demás sin dar importancia a ese amor a uno mism@ en la mayoria de los casos. Siempre ha sido más importante el quedar bien con el resto de las personas cuando con la primera persona que hay que estar primero bien es con uno mism@ para poder dar ese amor que deba ser y sobretodo ser uno mism@. Un abrazo cielo con todo mi corazón

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  2. Ante todo decirte que esta maravillosa reflexión la tomé prestada de mi amigo Willy, que muy amablemente comparte siempre todo. Es un gran ser.
    A lo que comentas cielo creo que llevas mucha razón. Es muy importante el amor que por nosotr@s mism@s tengamos, pues de lo contrario, no podremos dar amor a los demás, por mucho que parezca que lo hacemos.
    Creo que por regla general, más o menos a tod@s nos enseñan lo que pone la reflexión cuando somos pequeños, y todo eso va creciendo a lo largo de nuestra vida, con lo cual, luego tenemos los problemas que tenemos, y lo peor, es que como llevamos un patrón ya forjado, por regla general hacemos a nuestr@s hij@s lo mismo, con lo cual ellos se ven también como nosotr@s. Los niños son grandes maestros. Tendemos a decirles calla que tú no sabes, o eres pequeño, y no nos damos cuenta de que quizás ellos nos están enseñando una gran lección con eso que quieren decirnos. No los dejamos opinar, y ellos existen, ellos también cuentan y tienen derecho a ser escuchados.
    Gracias cielo por tu excelente comentario.
    Te quiero mi preciosa amiga

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